NÉSTOR DEL BARRIO

EXPOSICIÓN:

MANUAL DE DESGUACE

FECHAS: 16 AGOSTO – 21 SEPTIEMBRE (CLAUSURADA)

BIO

Néstor del Barrio (Socabarga, 1994) trabaja sus obras pictóricas y escultóricas dentro de un marco estético que reflexiona sobre los procesos industriales, el mundo digital y la virtualidad, utilizando iconografía propia de internet y poniéndola en diálogo con narrativas artísticas más tradicionales del paisaje. Con ello plantea al espectador y a sí mismo cuestiones referentes a la idea de realidad, la velocidad en el mundo contemporáneo. Se plasma en su obra el interés por la tecnología digital e industrial y como su producción definirá el futuro. Cómo esta interviene en la recepción de la propia realidad o la concepción actual que tenemos de la imagen y el objeto.

Es mediante el propio acto pictórico desde donde se abordan todas estas reflexiones, desde soluciones técnicas como el marco o el soporte. Sus obras se acercan en ocasiones al concepto de pintura expandida, organizándose en instalaciones site-specific que se adecúan a los espacios expositivos que las albergan. Con estas composiciones el artista lanza una mirada curiosa y crítica sobre la virtualización de un futuro demasiado próximo y el lugar que puede o debe ocupar la pintura en ese escenario.

Del Barrio está graduado en Bellas Artes por la Universidad de Castilla la Mancha. «PAISAJISMO» es el título de su anterior exposición individual en la Galería Juan Silió de Santander en el 2022. Entre sus exposiciones colectivas se encuentran: «GEN- Z. Spanish Wet Painting», Galeria WE COLLECT, Madrid, 2023; Feria Estampa Madrid. Galería Juan Silió. IFEMA, Madrid,2022; «Bahía, el litoral como ágora», comisariado por DILALICA, Sala Los Arenales. Santander, 2022; «BETWEEN-Sensing Potencial Worlds». Friedrichshafen, Alemania, 2021.

Ha participado en diferentes residencias como GLOGAUAIR Residency en Berlín, NAUTILUS en Lanzarote, con el programa artístico Confluencias; el Programa anual de residencia CASYCREA, Centro de Acción Social y Cultural Caja Cantabria, después de haber estado en el Programa de residencias internacional Orbital Residency, con estancia en La Pause, Marrakech.

Del mismo modo, ha estado presente en festivales de muralismo como «Vísteme con arte» Fundación Banco Santander; «Fresh Walls» Galeria Fer Frances, Somo, Cantabria o «WAYART» Gobierno de Cantabria, entre otros. En cuanto a premios, recibió en 2019 el Primer premio «MEET ME IN ARTS al mejor porfolio artístico» y en 2016, el Primer Premio «Concurso Nacional de Pintura Casimiro Sainz» Reinosa, Cantabria.

Su trabajo está presente en diferentes colecciones públicas y privadas como la Colección Bragales, Colección Kells, La Pause (RAK) y la Colección Norte del Gobierno de Cantabria.

Poética del fragmento

Entre la mecánica y el paisaje; entre la memoria familiar de un taller mecánico y el vértigo digital del presente; entre la herencia, el presente y el futuro, se construye la obra de Néstor del Barrio (Socabarga, Cantabria, 1994). Su práctica artística —que transita la pintura, la escultura, la instalación y el objeto encontrado— traza una poética fragmentaria donde el territorio, la imagen técnica y los restos de la tecnología se entrecruzan para repensar el presente. En sus piezas, el gesto pictórico convive con la poética del desguace, y el soporte tradicional con la lógica del ensamblaje, dando lugar a una producción que se sostiene en el cruce entre lo material y lo simbólico. La obra ha ido articulando un lenguaje personal que interpela al espectador desde lo mecánico, lo tecnológico, lo residual y lo desplazado, conformando una simbiosis en la que toda esa herencia se torna en una sólida actitud creativa. Un enfoque que orbita sobre conceptos constantes en su trabajo: la tecnología, el paisaje, el desecho industrial y la formulación a partir de la huella de todos ellos.

En la obra de Néstor del Barrio, el fragmento no es una ausencia, sino una presencia activa. Cada pieza rescatada —una plancha de aluminio, el papel sensible de un televisor ya inservible, los elementos que conformaban una maquinaria antes activa— deja de ser un residuo para convertirse en unidad significativa. El artista opera desde una lógica de desmontaje constructivo, en la que las partes desmembradas de un todo anterior reclaman nuevos sentidos. No hay nostalgia en ese gesto, sino una voluntad clara de reapropiación crítica: desmontar para releer, aislar para recomponer.

En Manual de Desguace, Néstor del Barrio articula un discurso visual en el que descubrimos su sintaxis plástica; como él mismo señala:

«Desde una aproximación analítica, se propone pensar la pintura no como superficie representacional sino como plano de operaciones, donde convergen múltiples capas de significado: lo industrial y lo doméstico, lo residual y lo formal, lo manual y lo sistemático. Las referencias tecnológicas —implícitas en los materiales, las formas y los procedimientos— no buscan nostalgia ni crítica directa, sino que funcionan como rastros de un régimen visual donde lo técnico ha sustituido a lo simbólico como lenguaje dominante»

Si bien el paisaje ha sido un motivo recurrente en la historia del arte, Néstor del Barrio aparece aportando un sistema desbordado, imposible de abarcar desde una mirada unitaria. En su trabajo, el paisaje se fragmenta, se pixeliza, se desplaza hacia estructuras técnicas, industriales o electrónicas. Así, la obra no busca representar un territorio. En su lugar, despliega un terreno intervenido por la velocidad del presente, las ruinas de la imagen digital y los residuos de la era postindustrial.

Un nuevo concepto de ruina que no es concebida como forma degradada, sino como una manifestación sensible del paso del tiempo, otorgándole un sentido a lo que fue, lo que queda y aquello en lo que se convierte. Tal como desarrolla Cesare Brandi en su «Teoría de la restauración», Del Barrio ensalza la ruina contemporánea como residuo de la vorágine de un sistema industrial. No repara, reajusta y reactiva en el plano simbólico de la creación. Ajustándonos a la concepción de ruina brandiana, el artista no pretende rescatar el todo perdido. En su lugar, el objeto es convertido en ruina activa, trascendiéndolo a símbolo. No reconstruye, no simula, relee.Las obras se acercan al concepto de pintura expandida donde el fragmento no es una ausencia, sino una presencia activa. Cada pieza rescatada —una plancha de aluminio, el papel sensible de un televisor ya inservible, los elementos que conformaban una maquinaria antes activa— deja de ser un residuo para convertirse en unidad significativa. El artista opera desde una lógica de desmontaje constructivo, en la que las partes desmembradas de un todo anterior reclaman nuevos sentidos. No hay nostalgia en ese gesto, sino una voluntad clara de reapropiación crítica: desmontar para releer, aislar para recomponer.

Laura Cobo, Comisaria

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